AÑO 2023
UBICACIÓN Casamanza – Senegal
TIPOLOGÍA Educación
METRAJE 662.00 M²
CLIENTE Balouo Salo
AUTORES 404 ARQUITECTURA
EQUIPO Israel Ascarruz
Diego Bullón
Diego Hernández
Alonso Melgar
Claudia Romero
VIDEO Alonso Castillo (Guion)
Gonzalo Vera Tudela (Dirección)
ESTADO Entregado
RECONOCIMIENTOS Mención Honrosa

En el contexto social y climático de Casamanza, una escuela no puede entenderse únicamente como un lugar de enseñanza. Debe ser, antes que nada, un espacio seguro para los niños y, al mismo tiempo, una infraestructura útil para toda la comunidad. Por ello, más que albergar un programa educativo convencional, la propuesta busca ofrecer una herramienta autosuficiente capaz de integrar aprendizaje, cuidado, producción y resiliencia.

La idea central es que el edificio trascienda sus funciones básicas y se convierta en un organismo vivo que enseñe desde su propio funcionamiento. Entre el volumen central y el patio interior se disponen cinco nodos programáticos que activan esta noción de máquina autosuficiente: (1) un pozo de recolección de agua pluvial —ubicado junto al borde del techo para maximizar la captación— vinculado al laboratorio, de modo que el proceso de filtrado pueda incorporarse al aprendizaje; (2) un área de preparación de la tierra de cultivo —destinada a mezclar suelo, abono y compost—, también junto al laboratorio para articular cultivo y educación; (3) un huerto y una zona de compost, asociados al comedor, concebidos como fuente de alimento y modelo de autosostenibilidad; (4) un comedor exterior, que prolonga el comedor principal y funciona, además, como espacio para juegos, reuniones o actividades comunitarias; y (5) un baño seco, que cierra el ciclo alimenticio mediante la producción de abono por tratamiento biológico... LEER MÁS.. LEER MÁS.. LEER MÁS

A partir de estos principios, el programa se organiza en tres piezas principales: dos barras ortogonales que alojan las aulas y definen los bordes del proyecto, y una tercera pieza central, de geometría fluida, que acoge el resto del programa: la ‘ameba’. Esta última se expande y contrae estratégicamente para generar patios, accesos y espacios intermedios; y es a través de ella que el edificio cobra vida, dando lugar a las nuevas actividades propuestas. A este sistema se suma una cuarta pieza: la cubierta. El techo —resuelto como una grilla de madera— no solo protege del sol, sino que articula el recorrido del conjunto y difumina los límites entre interior y exterior. Las aulas pueden así extenderse hacia los huertos, el comedor puede convertirse en plaza y los patios adaptarse a múltiples usos. De esta manera, la propuesta apuesta por la polivalencia y la flexibilidad para insinuar y fomentar vida comunitaria. Además, inspirada en las torres de ventilación pasiva documentadas por Bernard Rudofsky en Architecture Without Architects, la cubierta incorpora telas senegalesas tensadas sobre la grilla para generar una climatización pasiva. Colocadas en diagonal, capturan el viento fresco del suroeste —proveniente del Atlántico— y ayudan a desviar el Harmattan, el viento seco y caluroso que sopla desde el Sahara. El resultado es una cámara de aire que mantiene frescos los espacios interiores sin recurrir a sistemas mecánicos.

La elección de materiales prioriza recursos locales, durables y de bajo costo. La obra se construye con tres elementos esenciales: losa, muro y techo. El piso emplea una mezcla compactada de cemento y arena, habitual en la zona y altamente resistente. Los muros se levantan con tierra roja apisonada sobre cimientos de piedra y sobrecimientos de concreto armado, reforzados con una estructura metálica vertical anclada al cimiento y atornillada a un tope superior de madera para aportar rigidez. Este material —abundante, sencillo y térmicamente eficiente— constituye la base constructiva del edificio. El techo se resuelve con vigas de palorrosa, una madera local densa y resistente que permite montar una grilla estructural. Sobre ella se instalan láminas corrugadas de chapa para enfrentar las lluvias intensas; y telas tensadas que regulan el microclima y completan la estrategia pasiva de ventilación. Para facilitar la autoconstrucción con mano de obra local, el edificio se organiza en una grilla de 1.5 x 1.5 metros, lo que permite módulos repetitivos y simplifica el montaje sin elementos sobredimensionados. Cualquier división interior adicional puede resolverse con cortinas de tela colgadas de la misma grilla estructural. Opcionalmente, se consideran paneles de madera con marcos de caña (0.75 × 2.4 m) para cerrar vanos en caso necesario.

Finalmente, la elección del sitio se basó en un análisis territorial que cruzó tres variables: densidad poblacional, proximidad a la carretera nacional N6 (a 5 km, distancia máxima caminable) y presencia de caminos locales. Con estos criterios, se identificó una zona óptima entre Darsilam y Sedioudi, que combina accesibilidad, paisaje natural y capacidad de impacto social inmediato.

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En el contexto social y climático de Casamanza, una escuela no puede entenderse únicamente como un lugar de enseñanza. Debe ser, antes que nada, un espacio seguro para los niños y, al mismo tiempo, una infraestructura útil para toda la comunidad. Por ello, más que albergar un programa educativo convencional, la propuesta busca ofrecer una herramienta autosuficiente capaz de integrar aprendizaje, cuidado, producción y resiliencia.

La idea central es que el edificio trascienda sus funciones básicas y se convierta en un organismo vivo que enseñe desde su propio funcionamiento. Entre el volumen central y el patio interior se disponen cinco nodos programáticos que activan esta noción de máquina autosuficiente: (1) un pozo de recolección de agua pluvial —ubicado junto al borde del techo para maximizar la captación— vinculado al laboratorio, de modo que el proceso de filtrado pueda incorporarse al aprendizaje; (2) un área de preparación de la tierra de cultivo —destinada a mezclar suelo, abono y compost—, también junto al laboratorio para articular cultivo y educación; (3) un huerto y una zona de compost, asociados al comedor, concebidos como fuente de alimento y modelo de autosostenibilidad; (4) un comedor exterior, que prolonga el comedor principal y funciona, además, como espacio para juegos, reuniones o actividades comunitarias; y (5) un baño seco, que cierra el ciclo alimenticio mediante la producción de abono por tratamiento biológico... LEER MÁS.. LEER MÁS.. LEER MÁS

A partir de estos principios, el programa se organiza en tres piezas principales: dos barras ortogonales que alojan las aulas y definen los bordes del proyecto, y una tercera pieza central, de geometría fluida, que acoge el resto del programa: la ‘ameba’. Esta última se expande y contrae estratégicamente para generar patios, accesos y espacios intermedios; y es a través de ella que el edificio cobra vida, dando lugar a las nuevas actividades propuestas. A este sistema se suma una cuarta pieza: la cubierta. El techo —resuelto como una grilla de madera— no solo protege del sol, sino que articula el recorrido del conjunto y difumina los límites entre interior y exterior. Las aulas pueden así extenderse hacia los huertos, el comedor puede convertirse en plaza y los patios adaptarse a múltiples usos. De esta manera, la propuesta apuesta por la polivalencia y la flexibilidad para insinuar y fomentar vida comunitaria. Además, inspirada en las torres de ventilación pasiva documentadas por Bernard Rudofsky en Architecture Without Architects, la cubierta incorpora telas senegalesas tensadas sobre la grilla para generar una climatización pasiva. Colocadas en diagonal, capturan el viento fresco del suroeste —proveniente del Atlántico— y ayudan a desviar el Harmattan, el viento seco y caluroso que sopla desde el Sahara. El resultado es una cámara de aire que mantiene frescos los espacios interiores sin recurrir a sistemas mecánicos.

La elección de materiales prioriza recursos locales, durables y de bajo costo. La obra se construye con tres elementos esenciales: losa, muro y techo. El piso emplea una mezcla compactada de cemento y arena, habitual en la zona y altamente resistente. Los muros se levantan con tierra roja apisonada sobre cimientos de piedra y sobrecimientos de concreto armado, reforzados con una estructura metálica vertical anclada al cimiento y atornillada a un tope superior de madera para aportar rigidez. Este material —abundante, sencillo y térmicamente eficiente— constituye la base constructiva del edificio. El techo se resuelve con vigas de palorrosa, una madera local densa y resistente que permite montar una grilla estructural. Sobre ella se instalan láminas corrugadas de chapa para enfrentar las lluvias intensas; y telas tensadas que regulan el microclima y completan la estrategia pasiva de ventilación. Para facilitar la autoconstrucción con mano de obra local, el edificio se organiza en una grilla de 1.5 x 1.5 metros, lo que permite módulos repetitivos y simplifica el montaje sin elementos sobredimensionados. Cualquier división interior adicional puede resolverse con cortinas de tela colgadas de la misma grilla estructural. Opcionalmente, se consideran paneles de madera con marcos de caña (0.75 × 2.4 m) para cerrar vanos en caso necesario.

Finalmente, la elección del sitio se basó en un análisis territorial que cruzó tres variables: densidad poblacional, proximidad a la carretera nacional N6 (a 5 km, distancia máxima caminable) y presencia de caminos locales. Con estos criterios, se identificó una zona óptima entre Darsilam y Sedioudi, que combina accesibilidad, paisaje natural y capacidad de impacto social inmediato.

AÑO 2023
UBICACIÓN Casamanza – Senegal
TIPOLOGÍA Educación
METRAJE 662.00 M²
CLIENTE Balouo Salo
AUTORES 404 ARQUITECTURA
EQUIPO Israel Ascarruz
Diego Bullón
Diego Hernández
Alonso Melgar
Claudia Romero
VIDEO Alonso Castillo (Guion)
Gonzalo Vera Tudela (Dirección)
ESTADO Entregado
RECONOCIMIENTOS Mención Honrosa

 

ESCUELA KAIRA LOORO
038-AMOEBA

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