| AÑO | 2022 |
| UBICACIÓN | lima – PERÚ |
| TIPOLOGÍA | VIVIENDA UNIFAMILIAR |
| METRAJE | 801.00 M² |
| CLIENTE | F. Balarin M. Hernández |
| AUTORES | 404 ARQUITECTURA |
| EQUIPO | Israel Ascarruz Diego Bullón Eduardo Coronado Diego Hernández Giuliana Mura Claudia Romero |
| ESTRUCTURAS | Impacta Design & Building |
| INGENIERÍAS | Planea Ingeniería y Construcción |
| ILUSTRACIÓN | Eena Ilustración |
| ESTADO | Proyecto |
Sopla el viento y huele a albahaca, romero, tomillo, perejil, culantro. Al ras de la tierra crecen plantaciones de tomate, pimiento, betarraga, camote, yuca y papa. Se asoman también unos pequeños árboles de palta, mandarina, limón y granadilla. Aquí, en el Valle Dorado —Perú—, tan solo 12° al sur de la línea del Ecuador y acogida entre dos hileras de sierras áridas y redondeadas, yace la casa de retiro de Miguel y Francesca. Casi a diario, la pequeña Emilia, la menor de los tres hijos, deja volar un avión de papel plegado. En este simple juego de fantasía en miniatura, el avión elige su recorrido y ella va detrás: parte desde el borde de la piscina en dirección al comedor exterior y se adentra hacia el interior; coquetea con entrar a la cocina, pero dobla hacia la sala de estar, pasando muy cerca de la nuca de su padre, sentado en el sillón. Continúa hacia los dormitorios y, de todas las puertas, decide colarse en su habitación favorita, donde el silencio y la intimidad invitan a la imaginación. Vuelve a salir y, ya en el huerto, aterriza sobre un cajón de verduras recién sacadas de la tierra. Así, guiados por el viento, niña y avión planean entre la casa y el valle, entre arquitectura y territorio, entre desierto y semicubiertos que de a momentos se funden en uno... LEER MÁS ¿Qué valores deja entrever este refugio familiar a quien sepa mirarlo?... LEER MÁS Concebida como un espacio de sosiego, alejado del bullicio citadino de la densa Lima, la casa antecede a un colorido huerto que ocupa casi la misma cantidad de suelo que el espacio construido. De manera horizontal, se despliega sobre el territorio, posando pequeñas células atomizadas donde se descansa, se socializa, se duerme, se cocina, se come, se comparte. Cada una, moldeadas según sus condicionantes específicas, se amarran entre sí a través de una pieza de carácter laminar que da lugar al corazón de la casa, donde se contempla al fuego y a la montaña en simultáneo. Crispeo y silbidos al unísono. Dependiendo del espacio que dicha cubierta dispone entre las células, aparecen pasillos que desembocan en nuevas estancias. Se circula más rápido y luego más lento. Se generan tensiones que invitan tanto a apretar el paso como a detenerse, y, detrás de una curva o un pequeño desnivel, se desvelan atmósferas nuevas... LEER MÁS Todo lo que ofreció la naturaleza fue bien recibido. La posición geográfica del hogar, lo dota de una serie de cualidades que le otorgan coherencia y carácter. No solo la fertilidad de los suelos para facilitar el cultivo, también los vientos del sur que entran por un aventanamiento y salen por otro en la misma habitación, refrescando cada ambiente de manera natural. Las cubiertas buscan bañarse en sol inclinándose, una a una, en todas las direcciones cardinales. La intimidad también se vio beneficiada al ubicar los vanos de manera tal que ingrese luz sin exponer aquello que sucede en el interior. Ocasionalmente, la masa de los muros se desmaterializa, transformándose en una pantalla filtrada que matiza luces con sombras y regala calma. La montaña, por último, le da un abrazo definitivo. Sus pigmentos se transforman en el acabado que reviste el conjunto: un yeso de tierra deja ese tono ocre y oxidado que envejecerá naturalmente junto a quienes allí habitan. Así, sol, viento y tierra dialogan con reciprocidad ante la casa que, con permiso y cuidado, allí hecha sus raíces. |





























Sopla el viento y huele a albahaca, romero, tomillo, perejil, culantro. Al ras de la tierra crecen plantaciones de tomate, pimiento, betarraga, camote, yuca y papa. Se asoman también unos pequeños árboles de palta, mandarina, limón y granadilla. Aquí, en el Valle Dorado —Perú—, tan solo 12° al sur de la línea del Ecuador y acogida entre dos hileras de sierras áridas y redondeadas, yace la casa de retiro de Miguel y Francesca.
Casi a diario, la pequeña Emilia, la menor de los tres hijos, deja volar un avión de papel plegado. En este simple juego de fantasía en miniatura, el avión elige su recorrido y ella va detrás: parte desde el borde de la piscina en dirección al comedor exterior y se adentra hacia el interior; coquetea con entrar a la cocina, pero dobla hacia la sala de estar, pasando muy cerca de la nuca de su padre, sentado en el sillón. Continúa hacia los dormitorios y, de todas las puertas, decide colarse en su habitación favorita, donde el silencio y la intimidad invitan a la imaginación. Vuelve a salir y, ya en el huerto, aterriza sobre un cajón de verduras recién sacadas de la tierra. Así, guiados por el viento, niña y avión planean entre la casa y el valle, entre arquitectura y territorio, entre desierto y semicubiertos que de a momentos se funden en uno... LEER MÁS
¿Qué valores deja entrever este refugio familiar a quien sepa mirarlo?... LEER MÁS
Concebida como un espacio de sosiego, alejado del bullicio citadino de la densa Lima, la casa antecede a un colorido huerto que ocupa casi la misma cantidad de suelo que el espacio construido. De manera horizontal, se despliega sobre el territorio, posando pequeñas células atomizadas donde se descansa, se socializa, se duerme, se cocina, se come, se comparte. Cada una, moldeadas según sus condicionantes específicas, se amarran entre sí a través de una pieza de carácter laminar que da lugar al corazón de la casa, donde se contempla al fuego y a la montaña en simultáneo. Crispeo y silbidos al unísono.
Dependiendo del espacio que dicha cubierta dispone entre las células, aparecen pasillos que desembocan en nuevas estancias. Se circula más rápido y luego más lento. Se generan tensiones que invitan tanto a apretar el paso como a detenerse, y, detrás de una curva o un pequeño desnivel, se desvelan atmósferas nuevas... LEER MÁS
Todo lo que ofreció la naturaleza fue bien recibido. La posición geográfica del hogar, lo dota de una serie de cualidades que le otorgan coherencia y carácter. No solo la fertilidad de los suelos para facilitar el cultivo, también los vientos del sur que entran por un aventanamiento y salen por otro en la misma habitación, refrescando cada ambiente de manera natural. Las cubiertas buscan bañarse en sol inclinándose, una a una, en todas las direcciones cardinales.
La intimidad también se vio beneficiada al ubicar los vanos de manera tal que ingrese luz sin exponer aquello que sucede en el interior. Ocasionalmente, la masa de los muros se desmaterializa, transformándose en una pantalla filtrada que matiza luces con sombras y regala calma.
La montaña, por último, le da un abrazo definitivo. Sus pigmentos se transforman en el acabado que reviste el conjunto: un yeso de tierra deja ese tono ocre y oxidado que envejecerá naturalmente junto a quienes allí habitan. Así, sol, viento y tierra dialogan con reciprocidad ante la casa que, con permiso y cuidado, allí hecha sus raíces.
| AÑO | 2022 |
| UBICACIÓN | lima – PERÚ |
| TIPOLOGÍA | VIVIENDA UNIFAMILIAR |
| METRAJE | 801.00 M² |
| CLIENTE | F. Balarin M. Hernández |
| AUTORES | 404 ARQUITECTURA |
| EQUIPO | Israel Ascarruz Diego Bullón Eduardo Coronado Diego Hernández Giuliana Mura Claudia Romero |
| ESTRUCTURAS | Impacta Design & Building |
| INGENIERÍAS | Planea Ingeniería y Construcción |
| ILUSTRACIÓN | Eena Ilustración |
| ESTADO | Proyecto |