Un cuerpo de concreto se posa sobre un terreno de paisaje montañoso para articular función y espacio, y crear vida doméstica bajo su umbral habitable. Respondiendo a las necesidades de su usuario, buscó formar una casa íntima, protegida, silenciosa hacia afuera y humana hacia adentro.

El punto de partida fue levantar una barra negra —continua, baja y pesada— sobre el frente del lote, contenedora del programa público: vestíbulo, cocina, servicio, gimnasio y estacionamiento. Este volumen delimita el resto del área libre, convirtiéndola en un patio interior protegido de las miradas. Paralelamente, junto a ese patio creado, la barra degrada su apertura a través de una estoa que acoge la circulación principal del primer nivel... LEER MÁS

Sobre aquel patio, y perpendicular a la barra negra, aparece un segundo ente que cobra y da vida a la casa a través de su morfología: una criatura de concreto. Despegada del perímetro, atraviesa el terreno como una viga habitada para contener el programa nocturno —estar y dormitorios—, mientras da sombra, forma y orden al resto del hogar. Recibe a los visitantes, imponente, estirándose con un voladizo para proteger el acceso, pero calándose gentilmente ante un árbol que la atraviesa. Al ingresar, por su boca curvada, se revela un vestíbulo en doble altura, acogido por sus pisadas de concreto en forma de placas. Desde ahí, en planta baja, se despliega el programa social —comedor y sala— bajo la sombra de su vientre suspendido, sostenido por extensiones del basamento negro en forma de columnas y por una gran chimenea alargada, corazón del área social... LEER MÁS

Los patios —uno contenido y familiar, y otro amplio hacia la piscina— dictan el comportamiento del volumen superior. Hacia el noroeste, la circulación del segundo nivel se recorre al borde del patio íntimo, enfatizando su carácter mediante un armario lineal que la separa del exterior y tamiza la luz a través de vanos verticales y profundos. En oposición, hacia el sureste, la pieza se abre en forma de balcones privados para los tres dormitorios. Más adelante, el cuerpo vuelve a extenderse hacia el jardín para cubrir el quincho, se posa sobre dos patas de concreto —una pirámide truncada e invertida y una placa que delimita la piscina—, y se destaja con dos vacíos que permiten el ingreso de luz indirecta al dormitorio principal...LEER MÁS

La materialidad de los volúmenes —y del proyecto en su conjunto—, se acentúa como parte del carácter. El concreto se deja expuesto, honesto, con la textura del encofrado, contrastando con superficies más ligeras: la barra negra, de acabado mineral oscuro, despega visualmente el volumen superior del suelo y refresca del calor exterior; mientras que el piso de madera, continuo en toda la casa, equilibra su calidez y recibe al pie descalzo como un gesto cotidiano del habitar.

La escalera, unión entre ambos volúmenes, se plantea como un objeto autónomo. Ancha y flotante, se compone por dispositivos autoportantes de acero corten anclados a la estructura vertical de concreto. Cada ménsula, en forma de pirámide triangular, sostiene los pasos mediante tensores que fijados a un pasamanos metálico en “T”, que cual trabaja como baranda y viga a la vez. Los pasos se revisten en madera para prolongar la textura del piso y conectar materialmente ambos niveles.

La estética aquí no es un resultado: es un método. La forma no ilustra la función, la genera. El cuerpo de concreto no simboliza: organiza, enmarca, sombrea, atraviesa, acoge. Al recorrer la casa, se pasa de la contención al vacío, de la sombra a la luz, del silencio a la vida compartida. Y es allí, en esa coreografía de planos, vacíos y densidades, donde la casa encuentra su carácter: no en lo que muestra, sino en lo que acoge.

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